Guadalajara, el influjo de la cercanía
de Madrid
La red alcarreña se completó hacia
1860 como parte de la línea Madrid-Zaragoza,
de MZA, y dispuso a lo largo de este recorrido en
sentido nordeste de una decena de estaciones de segunda
y de tercera, con Guadalajara y Sigüenza como
principales. Este esquema se ha mantenido hasta la
llegada de la alta velocidad a la provincia.
Guadalajara, como
capital, ha sido hasta ahora la principal estación
alcarreña. Dada su cercanía a Madrid
y su escasa población, destacó desde
sus comienzos más como centro de reparación
de locomotoras que como emisora o receptora de tráfico,
por lo que fue catalogada como estación de
tránsito de segunda clase. Sus orígenes
se remontan a 1854, fecha de los primeros proyectos,
pero será el ingeniero Ramón Ugarte
quien firme en 1858 el proyecto definitivo. La estación
se concluyó a inicios de 1859, quedando emplazada
al otro lado del río Henares.
| MZA
ensayó en la estación de Guadalajara
la instalación de refugios, estructuras
para guarecer al viajero |
El conjunto del edificio de viajeros, abrigos y aseos
de la estación original, con una acusada unidad
y elementos clasicistas, responde al prototipo de
MZA para las estaciones de segunda clase. El edificio
principal, de 44 x 10 metros, con disposición
lateral a la vía, un cuerpo principal y dos
alas, con cubierta a dos aguas y marquesina, se compone
de dos alturas: la inferior para salas de espera,
taquillas y equipajes, y la superior para viviendas
de empleados. Unas pilastras clásicas rematadas
por capiteles dóricos y corintios eran el principal
ornamento del edificio, que destaca hoy por un entramado
metálico, a modo de pórtico, adosado
al cuerpo central de la fachada urbana. Su configuración
actual, con fachada de 9 huecos en el cuerpo principal
y 2 en las alas, no coincide con la original, lo que
indica que las sucesivas reformas, como la de 1925,
han creado un edificio muy distinto del primitivo.
Otros elementos de la estación eran las cocheras
y el taller de reparaciones –hoy desaparecidas–,
así como muelles, cantina, cobertizos y viviendas.
Como estructuras peculiares destacan los refugios,
pequeños abrigos a mitad de camino entre edificio
y marquesina, frente al edificio principal y al otro
lado de la vía, de 9 a 15 metros de largo por
3 o 4 metros de ancho, que guarecían a los
viajeros. Guadalajara sirvió de ensayo para
estos refugios, que MZA quiso extender al resto de
la línea.
La estación actual ha perdido importancia
con la línea de alta velocidad Madrid-Lleida,
cuya primera parada en sentido noreste es Guadalajara-Yebes.
Emplazada a 15 km de la ciudad, este complejo ferroviario,
inaugurado en octubre de 2003, dispone de un edificio
principal de dos alturas (2.100 m²) y andenes
cubiertos de 420 m con dos vías generales para
alta velocidad. El funcional edificio de viajeros
ofrece dos rasgos distintivos: una visera circular
sobre la entrada sustentada sobre una columna de la
que parten las vigas de soporte en configuración
radial y una torre cilíndrica grisácea
coronada por un reloj.
Sigüenza ha
sido, por su población y su activo comercio,
la segunda estación alcarreña. El edificio
primitivo, con un cuerpo central y dos laterales de
una altura, con medidas estándar (28 x 9,70
metros) de MZA, en cuyo entorno se construyeron en
1922 un muelle y cobertizos, quedó destruido
durante la Guerra Civil. El arquitecto Luis Gutiérrez
Soto, autor de las estaciones de Zaragoza y Caminreal,
ganó en 1938 el concurso para la nueva estación,
aunque su proyecto difiere mucho del edificio actual,
construido en la posguerra. La actual estación,
al final de una gran avenida arbolada, es un conjunto
vistoso con fachadas inspiradas en el siglo XVIII,
típicas de la arquitectura tradicionalista
de posguerra, que no desmerece del entorno monumental
de la ciudad del Doncel. El edificio principal, de
dos alturas, muestra en ambas fachadas un cuerpo principal
con salientes y entrantes que, al ofrecer gran profusión
de tamaños y huecos, evitan la rigidez del
esquema rectangular de su planta.Es una obra de mampostería
enlucida, con ventanas pareadas en el cuerpo central
y otras tres simétricas en los laterales, con
vanos en la zona superior central y el escudo de la
ciudad en piedra. En su interior, el vestíbulo
es un amplio espacio de doble altura. La fachada de
andenes incluye una torre de fábrica –que
alberga los enclavamientos– que apenas sobresale
del conjunto, y andenes cubiertos, con una galería
soportada sobre pilares con cubierta a un agua y marquesina
de 2,5 m de ancho.
 |
La
estación de Sigüenza destaca por
su vistosa heterodoxia |
A lo largo de la línea Madrid-Zaragoza hay
repartidas otras estaciones y apeaderos de la misma
época. Siempre de la mano de MZA, el tren llegó
a Jadraque en 1860
y un año después a Baides,
entonces dotada con un depósito de máquinas.
Estos viejos caserones han dado paso a nuevos edificios
funcionales y estandarizados, de una altura, sin relevancia
arquitectónica. Como Azuqueca
de Henares, Espinosa
de Henares o Matillas.
Distinto es el caso de Yunquera
de Henares, de estilo tradicionalista, y sobre
todo de Humanes de Mohernando,
un conjunto probablemente firmado por Ramón
Ugarte hacia 1850, compuesto por edificio principal
con marquesina metálica central, casillas de
cambio de agujas y complejo de barreras con almacenes,
todo ello construido con sillarejo bien tallado, ladrillo
y estructura de hierro. Destaca el edificio del jefe
de estación, cuadrado, con patio anterior a
la puerta de entrada y múltiples ventanas y
balcones, todo ello cuajado de decoración exuberante
y gusto modernista de fin de siglo, lo que le ha valido
la protección de la Ley de Patrimonio Histórico
autonómica.
Estas estaciones menores, salvo la de Azuqueca por
su inclusión en las Cercanías de Madrid
y la de Humanes por su estatus especial, han pasado
su época de esplendor y ahora, con la reducción
de trenes en la línea hacia Zaragoza, están
en declive, cada vez con menos pasajeros y menos mantenimiento,
lo que las condena a un progresivo deterioro de sus
instalaciones, cuando no a su abandono.