Cuenca, del modelo MZA a la línea
a Utiel
La formación de la red ferroviaria en Cuenca,
compuesta por una única línea que atraviesa
la provincia de oeste a este, fue lenta, debido en
parte a las dificultades del trazado, y se realizó
en dos periodos, cada uno de los cuales corresponde
a un tramo diferente. El tramo Aranjuez-Cuenca, iniciado
por la Compañía para el Ferrocarril
de Aranjuez a Cuenca y finalizado por MZA, culminó
en 1885 con la llegada del tren a la capital. En una
segunda etapa, iniciada con el Plan de Urgente Construcción
del Gobierno de Primo de Rivera, de 1926, se prolongó
la línea hasta Utiel (Valencia) como paso previo
para extenderla hasta Valencia y las líneas
de Levante, objetivo alcanzado en 1947. Este hecho
ha configurado estaciones muy diferentes en ambos
tramos.
| La
única línea de Cuenca, construida
en dos periodos distintos, posee estaciones
de estilos
muy diferentes |
Una decena de estaciones jalonan el recorrido entre
Aranjuez y Cuenca, construido entre 1885 y 1889. Desde
la óptica arquitectónica, son uno de
los mejores ejemplos de la política de estandarización
de MZA. Las estaciones fueron clasificadas en distintos
órdenes, y a cada orden correspondió
un tipo de edificio de viajeros, de muelles y de urinarios,
con dimensiones en función de la importancia
de la estación. Así, a la estación
principal, la de Cuenca, correspondió el edificio
de mayores dimensiones (52 metros de largo por 10
de ancho) y los muelles más grandes. En orden
descendente, luego vendrían las estaciones
de Tarancón y Huete (con edificios de 32 x
10 m con patio de viajeros y muelles de 20 x 8 m),
las de Paredes, Caracenilla, Cuevas y Chillarón
(edificios de 14,20 x 8,2 m) y, por último,
las de Vellisca, Castillejo del Romeral y Villar del
Saz Navalón (11,9 x 5,9 m y muelles de 10 x
6 m). Se trataba, por tanto, de una línea totalmente
serializada.
En este tramo destacó por su importancia Tarancón,
población con activo comercio cuya estación
constaba de un notable edificio de dos plantas e instalaciones
que hablan de su importancia ferroviaria (cochera
de máquinas y de carruajes, muelles cubiertos
y descubiertos, patio de mercancías, cantina,
báscula, etc.), aunque su actual edificio es
más modesto. Huete
no brilla por su edificio, aunque sí por dos
estructuras anexas, el muelle cubierto y los retretes,
que, por su singularidad, están protegidas.
En su calidad de capital, Cuenca
fue y sigue siendo la estación principal de
la línea. Enclavada en el casco urbano, la
estación alberga un extenso edificio de viajeros
con un cuerpo principal de dos alturas y alas de tres
pisos, dotado de una singular y tardía marquesina
metálica de 15 m de ancho, y varias construcciones
anexas. Estos elementos se construyeron a raíz
del proyecto de estación común de 1931,
que no sólo varió el edificio principal
de 1885 –éste tenía un cuerpo
central elevado sobre la parte principal del vestíbulo–,
sino que aportó una serie de edificios que
realzaron la importancia de la estación. Construidos
con materiales económicos, zócalos de
mampostería, muros de hormigón con enfoscado
y cercos de ladrillo para los huecos, entre ellos
figuran cochera de carruajes, cocherón de locomotoras,
talleres de locomotoras y de material móvil,
almacenes, cinco muelles, dormitorios y viviendas.
Varias de estas instalaciones, que han llegado hasta
nuestros días, llevan el sello de la estandarización
de MZA. La estación sufrió una ulterior
remodelación en 1947.
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Marquesina
de la estación de Cuenca |
Las estaciones de la línea a Utiel conforman
un conjunto unitario firmado por el arquitecto vasco
Secundino de Zuazo entre 1921 y 1924 que, por su singularidad,
merecen atención especial. Se trata de media
docena de edificios de parecidas características
e idéntica configuración volumétrica,
con leves diferencias en la disposición de
huecos y la ornamentación de fachadas. Tienen
dos plantas, con un torreón de una planta más
a uno de los extremos, y una bow-window bajo ésta,
que juega un papel importante en el entorno rural
donde se levantan. En su base se añade un mirador
saliente de tres lados que avanza sobre el andén.
Los edificios, de gran sencillez y austeridad decorativa,
se levantaron con materiales tradicionales, mampostería,
ladrillo visto y teja cerámica. Su estilo se
enmarca en la arquitectura tradicional, aunque adaptada
al progreso que representaba el ferrocarril. Carboneras
de Guadazaón (protegida por ley) y La
Gramedosa son los principales exponentes de
estas singulares estaciones, algunas operativas y
otras en ruinas.
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Carboneras
de Guadazaón es un exponente de las estaciones
de Secundino de Zuazo de la línea Cuenca
- Utiel |